Preparados para el cambio

 

En la vida diaria, en la familia, en el trabajo ocurre algo que también sucede en la naturaleza: el cambio constante. La pregunta es: ¿estamos preparados para el cambio?

Desde que somos pequeños nos enseñan muchas matemáticas, mucha ciencia, mucha lengua, pero en la escuela y en la universidad no nos preparan para ser inteligentes emocionalmente, para trabajar en equipo o para conocer y aplicar algunas reglas universales que nos ayudarán a vivir mejor y trabajar mejor, y, en definitiva, a disfrutar más de la vida.

En algún proceso de coaching, cuando hablas con el coachee y le preguntas qué es lo que quieres o cuál es tu objetivo en el trabajo o con tu pareja, la respuesta es: “que esté todo como está ahora”. Este inmovilismo, que probablemente sea aprendido, hace que la persona no crezca, no evolucione y posiblemente se lleve una decepción, ya que una de las pocas cosas que podemos afirmar que ocurrirán en la vida es: que nos vamos a morir, y la otra, que estamos en permanente cambio.

Si bien es cierto que las personas necesitan estabilidad para su vida, esto no significa que se quede todo como está. Las personas crean orden, la situación se estabiliza, y posteriormente viene el desorden. Si en esta fase de desorden conseguimos que la personas, el deportista o el equipo lo afronte con total normalidad, y como una fase más del proceso donde va a crecer y mejorar, lograremos avanzar. Si no, el resultado será la parálisis, la desesperación y no entender que es lo que ha sucedido y porqué se siente así, como una víctima.

Tanto en las personas de manera individual, como en las empresas o equipos deportivos ocurre que al no tener integrado este proceso natural de cambio constante y no leer lo que sucede, hay sorpresa e inmovilismo, no se avance como se podría o que incluso surjan los problemas.

Si fuésemos inteligentes, hubiésemos tenido una educación diferente y tuviésemos esa capacidad de ver con perspectiva las cosas, sin caer en el análisis a corto plazo o el victimismo, seguramente no nos costaría adaptarnos tanto al cambio.

Como dice una prestigiosa multinacional: “La gestión del cambio busca facilitar y conseguir la implementación exitosa de los procesos de transformación, lo que implica trabajar con y para las personas en la aceptación y asimilación de los cambios y en la reducción de la resistencia; facilitando la aceptación y asimilación de los cambios, producto de una nueva forma de operación”.

Esto es lo que debemos buscar en las personas y organizaciones si queremos que sean saludables, evolucionen y estén preparados para el cambio.