Hay una cosa que creo que es fundamental a la hora de convertirte en un deportista profesional: actuar como un campeón. Y antes de actuar como un campeón tienes que pensar como si ya lo fueras. Este pensamiento no tiene nada que ver con ser orgulloso, engreído o actuar con soberbia y vanidad. Precisamente es lo contrario, la actitud del campeón tiene más relación con la humildad, el trabajo bien hecho con constancia y la superación.
Por tanto, el proceso es sencillo: primero tengo que pensar y luego tengo que actuar como actúan los campeones.
Cuando el deportista rinde es porque en primer lugar la mente funciona en la competición, es decir, el jugador es capaz de manejar situaciones difíciles y de presión, puede rendir al máximo cuando se requiere y es capaz de actuar con máxima concentración y calma.
Todo lo anterior es muy fácil decirlo, pero aplicarlo es más complicado. Todo deportista le gustaría primero pensar de esta manera para luego actuar. Pero no suele ser lo habitual. Hay jugadores que tienen una gran capacidad mental, pero luego no lo ejecutan con excelencia. Ya sea porque se ponen nerviosos o porque no terminan de creérselo.
Los deportistas que son capaces de aprender a pensar como los campeones partirán con una mentalidad ganadora que les ayudará a mejorar su rendimiento en su deporte. Sin embargo, no es tan fácil. Como decíamos antes es posible que el jugador se tense (física y/o mentalmente) y tenga creencias limitantes que le hagan no rendir al nivel que se le espera.
Aquí el problema suele ser los malos hábitos mentales: pensamientos negativos (va a salir mal, son mejores que yo, y si pasa tal cosa…,) que va a desembocar en acciones precipitadas o incorrectas. Frente a esto, es más operativo tener una visión positiva y grande de lo que puedo llegar a alcanzar. Saber cuál es mi meta, como me puedo motivar para conseguirla y qué debo hacer para obtener la excelencia deportiva.
Partiendo de lo anterior ya podemos hablar del segundo paso: actuar como un campeón. En este actuar lo fundamental es el trabajo diario y la constancia. Cuando un deportista se levanta todas las mañanas con la idea clara de que va a trabajar, cumple su palabra con lo planificado y actúa con pasión, aunque no tenga al principio muchas ganas de hacerlo, está en el camino de ser un campeón.