Cuando hablamos de relativizar, tanto en la vida como en el deporte, nos estamos refiriendo, como dice la Real Academia Española a “dar menos importancia o gravedad a un asunto al introducir circunstancias, contexto u otros puntos de vista que atenúan su valor o efecto”.
Esto aplicado al deporte tiene una gran importancia ya que, en muchas ocasiones, el deportista se mete tanto en su rol de profesional y le pone tanta intensidad al evento que puede perder la perspectiva y el foco.
Es normal que si un deportista trabaja y entrena durante meses para una competición le dé importancia, e incluso sienta presión. Pero esta importancia tiene que tener su justa medida. Ni estar despreocupado, ni excesivamente preocupado. Como se suele decir, en vez de preocuparse hay que ocuparse.
Y para ello relativizar es una herramienta clave. En primer lugar, es fundamental que el deportista sepa las prioridades de su vida. Claro que su práctica profesional es importante, es lo que le permite desarrollarse profesionalmente. Pero seguro que su familia, su salud (física y mental), la salud de su familia es más importante todavía.
Una vez le preguntaron a un tenista profesional si sentía presión por defender un gran torneo que había ganado el año anterior. El tenista miró, sonrió, y dijo presión tiene un padre de familia que tiene cinco hijos y pocos recursos para llegar a fin de mes. Es cierto que el tenista tiene presión porque defiende un título y unos puntos, pero en vez de poner el foco exclusivamente en ese aspecto, es capaz de ampliar la perspectiva y verlo desde otro punto de vista más positivo.
A veces basta con ser empático y ponerte en el lugar de otros para ver que lo tuyo tampoco es tan grave. Como decía un gran amigo mío, un problema se resuelve en ocasiones con un problema mayor. Si estás preocupado por el partido que vas disputar y de repente te dicen que tu padre está en el hospital, estoy seguro que la preocupación que tenías hace unos minutos desaparece cuando te dicen que tu padre acaba de tener un accidente y está en el hospital.
Relativizar es una de las herramientas preferidas de muchos entrenadores. Aunque sientan presión, son capaces de quitar “hierro” al asunto y hacer ver a su equipo otra forma más proactiva y positiva. En vez de dejar que los jugadores se adelanten al futuro y empiecen a sentir presión, son capaces de enfocarles hacia la acción y vivir el presente.
Cuando relativizas estás ayudándote a estar más calmado y concentrado y esto hace que aumente tu rendimiento.