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Personas normales

 

Personas normales

 

Parece que los deportistas de élite, en especial los futbolistas, no son personas normales. Se les trata como si fuesen extraterrestres, o peor aún como si fuesen objetos. La verdad es que son personas tan normales como tú y como yo.

 

Hace unos días del infarto que tuvo Iker Casillas en el entrenamiento con el Oporto, que nos pilló por sorpresa a todos. Y esto refrenda lo que estábamos afirmando: Que los deportistas de élite son “humanos”. Lo que sucede es que no se les trata como tal y, ellos en muchos casos, pierden incluso la noción de la realidad creyéndose cosas que no son.

 

Me imagino que no todos los deportistas agradecen por la mañana el levantarse de la cama y poder respirar. En cambio, se les pasará por la cabeza que tienen que ganar el siguiente partido, que tienen que renovar su contrato o que están preocupados porque no están rindiendo a su mejor nivel. Lo anterior no es que no sea importante, pero seguro que no es lo más importante en su vida. Un amigo decía que la profesión de futbolista o de entrenador era “lo más importante de lo menos importante”. Con esto quería decir que antes que la profesión deportiva está tu salud y la de tu familia, que los tuyos estén bien, disfrutar y vivir plenamente.

 

Pero esto no es un mal exclusivo de los deportistas o entrenadores de élite. Sucede lo mismo a los que no han llegado a la élite o a cualquier persona que tiene cualquier otra profesión. Parece que a veces a las personas nos tiene que golpear la vida con un suceso trágico para empezar a valorar lo que es la esencia y lo realmente importante o ver una situación de estas características a tu vecino de al lado para darte cuenta de que a lo mejor estás perdiendo el rumbo.

 

En ocasiones te preocupan cosas que realmente no te van a dar la felicidad y otras que son primordiales no se valoran. Los humanos tenemos la extraña habilidad de centrarnos en las dos cosas que han sido negativas a lo largo del día, en vez de acordarnos del resto de sucesos buenos que tuvimos. Todo lo anterior hace que al final del día la persona se vaya a la cama con la sensación de que el día ha sido malo y que las cosas no van bien, cuando por el contrario han sucedido más hechos positivos y agradables que negativos.

 

Deberíamos recordar que hay que agradecer cada día cuando te levantas la suerte que tenemos de estar vivos y que todos somos personas normales independientemente de la profesión o situación en la vida.

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