El otro día preguntaba a una deportista de alto nivel qué era lo más importante a nivel mental cuando trabaja o competía bajo presión. Ella me respondió que sin duda lo más importante era confiar en que estaba haciendo bien su trabajo. Lo que me quería decir era que cuando se enfocaba en seguir adelante con su trabajo y no dudaba, ni le pasaba un diálogo interior negativo por su cabeza o miedo, sabía que iba por el buen camino y que las cosas estaban funcionando.

Por tanto, me estaba indicando qué hace para mantener la calma y la cabeza fría en momentos clave y en situaciones límite. En vez de dejarse guiar por la presión y tomar decisiones equivocadas, lo que hacía sin darse cuenta era guiarse por su instinto y discernir de manera automática cuál era el siguiente paso que tenía que dar. Y aquí la clave estaba en fluir, es decir en vez de dudar, pensar, o guiarse por el miedo, dejaba actuar su cuerpo y su mente haciendo lo que intuía que tenía que hacer.

Cuando un deportista tiene mayor éxito de acierto en las últimas jugadas del partido o en los momentos decisivos, la explicación viene dada fundamentalmente porque el deportista sabe actuar bajo presión. Evidentemente que luego hay otros factores: técnicos, tácticos, físicos, pero a nivel mental, si el deportista gestiona bien actuar bajo presión tiene un gran recorrido conseguido.

Unido a lo anterior, también hablábamos de por qué hay deportistas que pueden dar un poco más al final de sus partidos o que son más resistente a la adversidad que sus adversarios. Y aquí la clave está, desde mi punto de vista en la perseverancia. Es evidente que cuando no puedes más, tu mente quiere que lo dejes. Es entonces cuando la fortaleza mental toma protagonismo. Afrontar la dificultad con resiliencia te va a hacer resistir unos segundos más, vas a hacer tu último esfuerzo o mantener la intensidad hasta el pitido final.

Se trata de superar el temor, la duda y el miedo ante esta adversidad y “poner toda la carne en el asador” dando tu 100% en esos momentos finales. No es casualidad que los grandes atletas o los grandes equipos saquen adelante los partidos en los momentos finales. No es suerte, no es casualidad. Es perseverancia. Y a esto se une que el “rival más débil” le entra “el miedo a ganar” y el deportista top sigue buscando la victoria sin descanso.